Eliseo Reyes Rodríguez, un hombre de corazón entero

Por Elsa Blaquier Ascaño / 26-04-2012

Como un pequeño gigante definen todos los que conocieron a Eliseo, el sexto de los once hijos de Marcelino Reyes y Ana Francisca Rodríguez, a quien el Che, parco a la hora de prodigar elogios, considerara el mejor hombre de la guerrilla y uno de sus pilares.

Quienes conocieron a Eliseo no olvidan la apariencia frágil de su cuerpo, lleno de una vitalidad increíble que le permitía realizar proezas extraordinarias en los combates, al punto de calificarlo como el valor y la inteligencia con grados de capitán.

Nacido el 27 de abril de 1940, en un hogar humilde del término municipal de San Luis, en la antigua provincia de Oriente, Eliseo se suma a la lucha revolucionaria siendo casi un adolescente. En la Sierra Maestra, logra unirse a la columna del Che en el campamento, donde se le nombra como mensajero. En aquellos días comenzará a escribir las primeras páginas de su leyenda. Todos se asombran de su valor, valentía y la rapidez con la que cumple las misiones, a pesar de que por su físico, delgado en extremo, es objeto de bromas por parte de los integrantes de la tropa.

Cuando el Che pide voluntarios para bajar a los llanos, es uno de los primeros en dar el paso al frente, y exclama: “¡Yo soy de San Luis, y voy para allá!”. Desde ese momento sus compañeros comenzarán a llamar San Luis, al muchacho lampiño, de rizada melena y apariencia infantil, capaz de cumplir misiones como la encomendada por Fidel de llevar un mensaje urgente a René Ramos Latour, por abruptos caminos hasta Santiago de Cuba, la cual cumple sin dilación, aunque el esfuerzo le obliga después a guardar cama durante diez días.

A principios de agosto del año 1958 integra la Columna No. 8 Ciro Redondo, que emprende la invasión al occidente cubano. Bajo el mando del Che, combate hasta la caída del régimen del tirano Batista en enero de 1959.

Su actuación en el rechazo a la ofensiva desatada por la tiranía contra el Ejército Rebelde, la invasión y la campaña de Las Villas, lo hicieron merecedor de los grados de capitán. Junto al Guerrillero Heroico participa en la toma de La Cabaña en La Habana, donde fue nombrado jefe de la Policía Militar de dicha fortaleza. Después cumplirá diversas responsabilidades al frente de unidades militares en la región central del país y se le designará delegado del Ministerio del Interior en Pinar del Río.

Por sus méritos fue elegido para integrar el primer Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Nadie recuerda de él un gesto de prepotencia y sí el ejemplo constante y la sinceridad que regía cada uno de sus actos como reconociera hasta el propio mayor Rubén Sánchez, quien comandaba las fuerzas bolivianas contra las cuales combatiera el 10 de abril y le causara numerosas bajas y prisioneros.

En julio de 1966 recibe la comunicación del Che para liberar a otros pueblos que pedían ayuda: “Vuelvo a necesitar el esfuerzo de ustedes que fueron fieles en la Sierra Maestra. Si está dentro de tus posibilidades espero de tu cooperación”. Che. Y con la decisión de siempre y ese cuidado de guardar un secreto, antes de partir hacia Bolivia no dijo nada, solo reunió a toda la familia en su casa, se hizo muchas fotos con los padres, la esposa y sus tres hijos, con la seguridad de que volvería pronto.

Eliseo Reyes Rodríguez, San Luis en la lucha revolucionaria en Cuba, Rolando en la guerrilla boliviana, cayó combatiendo el 25 de abril de 1967, en una emboscada en la finca El Mesón, situada entre Ticucha y el río Iquira, en Bolivia. Sus restos reposan en Cuba.

Fragmento de Seguidores de un sueño, Elsa Blaquier Ascaño, Casa Editorial Verde Olivo, Ciudad de La Habana, 2007

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