Por: Jorge Risquet Valdés, miembro del Comité Central del PCC / 29-11-2013
El acto inicial de la construcción del Partido en las FAR cumple 50 años el 2 de diciembre.
Construir un Partido revolucionario, marxista-leninista y martiano, en el seno de las fuerzas armadas, constituye una histórica decisión, única hasta hoy en el continente americano.
El trabajo político en el seno del Ejército Rebelde se inició en medio de la lucha armada en Oriente.
Como es sabido, el Comandante Ernesto Che Guevara creó una escuela en la Sierra Maestra, donde al mismo tiempo se impartía alfabetización, instrucción general y política.
En Tumba Siete, el Comandante Raúl Castro Ruz, jefe del Segundo Frente Oriental, creó la escuela de Educación Revolucionaria.
Raúl definió la tarea: “Convertir a los combatientes rebeldes en revolucionarios conscientes”.
Allí radicaba el Departamento de Educación del Segundo Frente, dirigido por la compañera Asela de los Santos, que nos dio espacio en su local para instalar la escuela.
Los objetivos concretos fueron:
1. Crear conciencia antimperialista.
2. Concepto de unidad revolucionaria, incluyendo a los comunistas.
3. Concepto de que una vez derrocada la tiranía, empezaba la gran tarea revolucionaria de transformar el país, lo cual significaba:
a. Restablecimiento de los derechos democráticos plasmados en la Constitución de 1940.
b. Rescate de las riquezas nacionales en manos extranjeras.
c. Reforma Agraria.
d. Eliminación del mujalismo y unidad de los trabajadores en una CTC depurada.
e. Unión de las fuerzas revolucionarias: MR-26 de julio, DR y PSP para dirigir estas transformaciones.
f. Se definía como una Revolución de Liberación Nacional. No se planteaba la próxima etapa de Revolución socialista.
El objetivo de la escuela era el de preparar cuadros que a su vez trasmitieran estos principios a las tropas, mediante escuelas locales, cursos, charlas y conferencias.
Al triunfo de la Revolución se mantuvo y amplió el curso de alumnos de la escuela, que se reabrió en Ciudamar, Santiago de Cuba, en el mismo mes de enero de 1959 y se creó el Departamento de Cultura, […] encargado en realidad de la superación cultural, pero también del trabajo político entre las tropas, mediante la formación en la Escuela de los Instructores Revolucionarios en escuadrones, (capitanías), tenencias, puestos (todavía manteníamos la estructura de la Guardia Rural).
El Departamento de Cultura se creó primero en el Regimiento de Oriente Sur y luego se amplió al Regimiento de Oriente Norte, cuando ambos se unificaron en el Ejército de Oriente.
Por cierto, en el primer curso de la Escuela Política de Ciudamar fue alumno un adolescente santiaguero, combatiente del Segundo Frente, llamado Álvaro López Miera, hoy general de cuerpo de ejército, viceministro primero, jefe del Estado Mayor General de las FAR y miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba.
También un combatiente veinteañero, que se destacó por su inteligencia y captamos para el Departamento de Cultura, Joel James, que devino con el tiempo destacado intelectual y promotor del Festival del Caribe.
La tarea de la creación del Partido en las Fuerzas Armadas era para un futuro, cuando se creara el Partido de la Revolución.
Como es sabido fue en 1963 que se empezó a crear el PURS con el método de las Asambleas de Obreros Ejemplares.
En la estructura de nuestras fuerzas armadas y sus órganos de preparación militar, utilizamos mucho las experiencias de la URSS, Bulgaria y otros países socialistas y tuvimos, inclusive, instructores de esos países, muchos de ellos españoles combatientes de la Guerra Civil antifranquista que desde la década del 40 se habían integrado al Ejército Rojo y habían combatido en la Segunda Guerra Mundial.
Mas para construir el Partido en nuestras fuerzas armadas, sobre la base del principio fidelista de la participación de las masas en la selección de los militantes, no había experiencia internacional alguna, era un método nuevo y único, se trataba de un aporte de Fidel a la teoría leninista del Partido.
Mientras avanzaba la construcción del Partido en la vida civil con el método fidelista, se hacía necesario crear las formas de adaptar este método a las condiciones de una institución militar, con su estructura de mando y disciplina única. Ello era tarea del Ministro de las FAR.
Avanzada la creación del Partido en los centros de trabajo de la provincia de Oriente, llegó el momento de extender el proceso a las montañas de Oriente, donde existían muy pocos centros de trabajo con más de 25 obreros: algunas despulpadoras de café, escuelas, hospitales y muy pocas granjas estatales.
En el terreno militar, en las montañas de Oriente se habían creado unas trescientas compañías serranas, integradas, cada una, por un centenar de obreros agrícolas, semiproletarios, campesinos pobres, es decir, una organización político-militar, brazo armado y manifestación colosal de la Alianza Obrero-Campesina, guardián celoso de la seguridad e integridad revolucionaria de la montaña contra bandas de alzados, infiltrados y saboteadores; fuerza poderosa contra las agresiones imperialistas y columna de vanguardia en el frente del trabajo creador.
El jefe y el instructor político de cada compañía eran oficiales de las FAR. Decenas de estas habían participado, con mucho éxito, en la Limpia del Escambray.
Las compañías serranas, se movilizaban cada vez que era necesario utilizarlas en la lucha contra bandidos. También, en ocasiones para actuar en la zafra azucarera en el llano y, desde luego, en caso de movilización militar general: cambio de poderes en Estados Unidos, Girón, Crisis de Octubre, etcétera.
La construcción del Partido en estas últimas resultaba, la culminación del proceso civil en la provincia de Oriente y, al mismo tiempo, constituía también la creación del Partido en unidades militares.
Se decidió utilizar a los instructores revolucionarios de todo el país, de ellos a los de mayor prestigio ante la tropa y el mando, se les hizo pasar un cursillo en la escuela Osvaldo Sánchez y se les envió a Oriente, donde junto a los cuadros del Partido de la provincia, con experiencia en dicha tarea en la vida civil, realizaron similar labor en las 300 compañías serranas.
La selección de los combatientes ejemplares como cantera del Partido, en cada compañía serrana se basó en los siguientes requisitos:
a) Ser un Trabajador de Vanguardia (Ejemplar) en su centro de trabajo. Tener la mejor actitud ante el trabajo voluntario y ante los problemas económicos de la Revolución en general.
b) Ser un soldado Ejemplar en la defensa de la Revolución. Haber observado conducta de vanguardia en las movilizaciones, en las persecuciones de bandas de alzados, en las escuelas militares, en el cumplimiento de los Reglamentos de nuestras fuerzas armadas, en la preparación combativa y en todos y cada uno de los frentes de acción que tienen nuestras unidades militares.
c) No tener complicidad alguna con el pasado. Haber observado siempre una vida decorosa y honesta. No haber votado en la farsa electoral de 1958.
d) Ser una persona moral y sin vicios.
e) Haber mantenido y mantener ante la vida y la Revolución una actitud combativa, correcta, definidora, en fin, de su profunda conciencia de clase revolucionaria.
f) Haber demostrado y demostrar su interés por el estudio y la superación, tanto político como cultural.
Con la experiencia acumulada en la construcción del Partido en las compañías serranas se elaboró por una comisión presidida por el Ministro de las FAR el método para iniciar la labor de creación de los órganos partidistas en las fuerzas armadas.
El método para las asambleas en las unidades de las FAR, no debía afectar los principios inherentes a toda institución armada como son las jerarquías y disciplina militar.
Se llegó a la conclusión de que la manera más conveniente para cumplir el método democrático y la línea de masas era agrupar a los militares sobre la base de los cargos y responsabilidades de cada compañero, es decir, soldados, cabos y sargentos, oficiales. En relación con los oficiales, tanto de grado como de cargo, se partió del supuesto de que todos eran ejemplares, sin tener que pasar por la asamblea de elección de combatientes ejemplares.
Fue sobre esta base que se decidió que el 2 de diciembre de 1963 comenzara el trabajo en una unidad, se escogió la 1370, División 56, radicada en Santa Rita, Tacajó. Unos 170 instructores revolucionarios distribuidos en ocho comisiones, iniciaron el trabajo.
Se me encargó pronunciar el discurso de apertura de dicho proceso. Fue una elaboración colectiva, aprobada por el Ministro de las FAR.
De dicho discurso, cito los párrafos que respondían a la interrogante “¿qué es un combatiente ejemplar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias?”, las cuales no son palabras pasadas de moda.
¿Qué es un combatiente ejemplar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias?
Un combatiente ejemplar es aquel que ama con todas sus fuerzas su Patria y su Revolución socialista, que odia con todas sus fuerzas a los enemigos imperialistas, a los traidores y gusanos que sirven al imperialismo, a las clases explotadoras enemigas que pretenden el regreso al pasado de esclavitud.
Es aquel que está dispuesto a los mayores sacrificios, a dar la vida si fuera necesario en defensa de su Patria. En cumplimiento de su deber de soldado de la Patria y de la Revolución.
Es aquel que da pruebas de valor y firmeza, que no vacila jamás de enfrentar el peligro cuando lo exige el cumplimiento de la misión encomendada; la defensa de la Patria.
Es aquel que cuida como la niña de sus ojos el arma que la Patria le entregó, que no escatima esfuerzos por perfeccionarse en el manejo de esa arma, en adiestrarse para con ella hacer el fuego más certero sobre el enemigo, en dominar la técnica y la táctica militares para combatir y vencer al enemigo. Un combatiente ejemplar está siempre entre los primeros en la preparación combativa.
Un combatiente ejemplar es abnegado, tiene un elevado espíritu de sacrificio, está dispuesto y cumple siempre las tareas y misiones que se le asignen por duras que estas sean, y las cumple con entusiasmo y puntualidad; contagia con su actitud a sus compañeros.
Está dispuesto a servir en las FAR el tiempo que sea necesario, pues comprende que desde sus filas guarda el territorio nacional, el trabajo creador de su pueblo, el porvenir radiante de Cuba.
Un combatiente ejemplar ama el trabajo productivo, fuente de los bienes materiales para el pueblo; observa siempre una actitud de vanguardia ante la producción, tanto ahora, en las tareas productivas, como en la zafra azucarera; como la observó antes de ingresar en la unidad y la observará siempre, en la vida militar o en la vida civil.
Es aquel que está superándose constantemente, elevando su nivel cultural, asistiendo puntualmente y cumpliendo las tareas que le fijan en la escuela. Un combatiente ejemplar está atento siempre a la marcha de la Revolución, estudia y se supera políticamente, se interesa por los acontecimientos nacionales e internacionales que afectan a la lucha de los pueblos, reacciona contra cualquier ataque a la Revolución, contra cualquier rumor dañino, contra cualquier expresión de derrotismo, orienta a sus compañeros en la medida de sus posibilidades.
Un combatiente ejemplar trata con respeto a los demás compañeros, se muestra siempre presto a ayudarlos, tanto en las tareas de la vida cotidiana como en los momentos de combate, es solícito ante los problemas de sus compañeros, a quienes trata como hermanos y de quienes exige una conducta digna de soldado revolucionario.
Un combatiente ejemplar es el mejor amigo de sus compañeros, pero ajeno a todo amiguismo, al favoritismo y a las “piñas”. Es el más respetuoso de los subordinados, pero ajeno a la adulonería. Es el de más afán de aprender, de superarse, de ser más útil, pero ajeno a toda ambición mezquina.
Un combatiente ejemplar se comporta siempre con dignidad y disciplina, cuida siempre el honor del uniforme de las FAR y el prestigio de su unidad, tanto durante el servicio como en las horas y días francos, tanto en el campamento como en la calle y en el hogar. El respeto y la fraternidad con que trata a sus compañeros de armas lo observa también en el seno de su familia y en sus relaciones con el pueblo.
Terminaba con esta exhortación:
“Seleccionad, compañero de las FAR, en vuestras asambleas, a los combatientes, cabos y sargentos que consideréis poseedores de estas virtudes, capaces de estas tareas, digno de ingresar en el Partido de Vanguardia de la Revolución, en el Partido que dirige nuestro querido Comandante en Jefe, Fidel Castro”.
La fecha del 2 de diciembre no se escogió al azar, se trataba de conmemorar con un acto tan singular y de tanta trascendencia el séptimo aniversario de la llegada del Granma a las costas de Cuba, en el que 82 hombres iniciaban el cumplimiento del compromiso de Fidel, “en 1956 seremos libres o seremos mártires”.
No pocos de esos audaces revolucionarios cayeron en el desastre de Alegría de Pío y los días posteriores, y una odisea angustiosa vivieron los que pudieron salvarse del cerco y aniquilamiento de las tropas asesinas de la tiranía.
El 18 de diciembre se reúnen Raúl y sus cuatro compañeros con Fidel y los dos que le acompañaban, en Cinco Palmas. Y tres días después ocho supervivientes más llegan a aquel paraje de las estribaciones de la Sierra Maestra. Ahora junto a Fidel y Raúl están Almeida, el Che, Camilo, Ramiro, Ciro, Faustino, Efigenio y otros expedicionarios. Son 15 en total, aunque solo poseen siete fusiles. Al día siguiente, Guillermo, el primer campesino serrano que se une como combatiente al Ejército Rebelde trae ocho fusiles más.
Se repetía la llegada de Antonio Maceo, José, Flor Crombet y una veintena de mambises a Duaba. La de José Martí, Máximo Gómez y un puñado de hombres a Playitas de Cajobabo.
Pero esta vez el logro de la verdadera y plena independencia de Cuba no se frustraría por la intervención del imperio norteamericano.
Esta vez Cuba sería plenamente dueña de sus destinos, marcharía por la senda del socialismo, sería ejemplo del mundo en su resistencia al poderoso y cercano imperialismo yanqui, ayudaría a otros pueblos del África, de América y de todo el orbe y se mantendría soberana pese al cruel bloqueo, a las amenazas y a las calumnias que provienen del Norte revuelto y brutal.
Esta vez sería realidad la advertencia del Titán de Bronce: “Quien intente apoderarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre si no perece en la contienda”.
Con Fidel y con Raúl, con nuestro Partido Comunista, con los pinos nuevos del relevo, con los Cinco Héroes que habremos de arrebatar a sus crueles carceleros, seguiremos dispuestos a defender la Patria hasta con la Muerte y ¡VENCEREMOS!














