Réquiem por un gorrión

Por coronel (r) Ángel Jiménez González Doctor en Ciencias Militares / 13-05-2014

Este fue un hecho alucinante, que revela como pocos, en su aberrante irracionalidad, el odio visceral que existía entre los integristas más rabiosos agrupados en el Cuerpo de Voluntarios y los independentistas cubanos.

Durante la Guerra de Independencia, cubanos y peninsulares se insultaban acremente, pero a veces resultaba que lo que en principio fue ofensa, como la palabra mambí, terminaba por convertirse en símbolo. Y de este modo, los españoles se preciaron de ser “gorriones” y los cubanos “bijiritas”, aves que caracterizaban a la medida cada uno de los bandos.

La historia comenzó en la tarde del 25 de marzo de 1869, cuando un tirador del 7° Batallón de Voluntarios que hacía guardia en el Palacio de Gobierno, recogió un gorrión muerto en la Plaza de Armas. Llevado el cadáver del animalito al cuerpo de guardia, los cabos y sargentos le brindaron los primeros honores militares.

Al siguiente día, embalsamado, fue entregado al batallón de retén en el Castillo de la Real Fuerza, donde se le habilitó una capilla ardiente en el cuarto de las banderas. Allí las damas encopetadas de la ciudad le ofrecieron enormes ramos y coronas de flores, junto con regalos primorosos, y los bardos improvisaron elegías en honor del “patriótico gorrión”.

Matanzas y Cárdenas reclamaron la presencia del cadáver y se dice que arrojaron tanto arroz a la calle en su honor, que los dolidos acompañantes del cortejo hundían sus pies al caminar.

De vuelta a La Habana, se le organizaron exequias con honores de jefe de Estado, donde estuvieron presentes el capitán general, el obispo y otros altos dignatarios del gobierno, la iglesia y el ejército. Por esos días un gato tuvo la infeliz idea de comerse un gorrión y, atrapado antes de consumar el acto, fue detenido, torturado y condenado a muerte. El día cuando se iba a cumplir la sentencia, se presentó un catalán, reclamó el felino como suyo, dio fe de que era “muy buen español”, y lo salvó del patíbulo.

A toda aquella orgía de imbecilidad y ridiculez se le agregó un himno:
Morir al pie del cañón/ con valor y bizarría/ la Escuadra de Artillería/ jura en tu tumba, gorrión:/ Aunque venga esa canalla/ resistirán temerarios/ la Escuadra de Voluntarios,/ porque si bisoños son,/ sabrán, entrando en campaña,/ al grito de ¡Viva España!/ morir al pie del cañón.

El gorrión embalsamado permaneció dando vueltas, hasta el 18 de junio, cuando se anunció su inhumación en la villa de Guanabacoa. “El gobierno mandó barrer el frente de las casas y engalanarlas con cortinas de los colores nacionales. Todo respiraba, según dicen, entusiasmo patrio, cuando en lo más animado de la procesión se vio elevar un globo, (no se sabe de dónde salió) con los tres colores del pabellón cubano, y conduciendo un gran muñeco por barquilla, que desplegaba en las manos las banderas insurrectas, y una gran banda colgante, que decía “Viva Cuba Libre”.

Por fin el animalito fue sepultado en el obelisco del periódico La Voz de Cuba, en la calle 5 entre A y B, en el cuartel noreste del cementerio de Colón.


Bibliografía:

Justo Zaragoza: Las insurrecciones en Cuba, p. 338.

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