Doctor Zerquera, en Cuba; Kumi, en el Congo

Por HÉCTOR ARTURO / 11-06-2014

El pasado 10 de abril falleció en La Habana el doctor Rafael Santiago Zerquera Palacios, teniente coronel de la reserva, epidemiólogo y administrador de salud, quien fue el primer médico de la guerrilla de Che en el Congo.

Nació el 1º de mayo de 1932 en Trinidad. El padre, Rafael Heriberto, se desempeñaba como funcionario judicial, aunque también fue sastre y músico. La madre, Ana, era maestra de kindergarten, lo que ahora se denomina preescolar.

Su único hermano, menor que él, Miguel Ángel Zerquera Palacios, médico cirujano, cayó como combatiente internacionalista en las guerrillas de Guinea Bissau, casi al mismo tiempo cuando Rafael fuera seleccionado entre los primeros para incorporarse a la tropa del comandante Ernesto Che Guevara, en el Congo:

Su único hermano, menor que él, Miguel Ángel Zerquera Palacios, médico cirujano, cayó como combatiente internacionalista en las guerrillas de Guinea Bissau, casi al mismo tiempo cuando Rafael fuera seleccionado entre los primeros para incorporarse a la tropa del comandante Ernesto Che Guevara, en el Congo:

“Había acabado de graduarme en la única Escuela de Medicina existente entonces, que era la de La Habana, pero el título aún no me lo habían entregado, lo recibí cuando regresamos a Cuba.

“El Bachillerato en Ciencias lo cursé en Cienfuegos, porque en Trinidad no existía Instituto de Segunda Enseñanza. En la Perla del Sur comenzaron mis inquietudes políticas y sociales y me relacioné con compañeros que participaban en la lucha clandestina.

“Tras concluir los estudios de Medicina me designaron, a fines de 1964, como médico para la zona de Santo Domingo, en la Sierra Maestra. Estaba allí cuando un compañero de la Seguridad me indicó presentarme en La Habana. Me entregó un pasaje de avión y dijo que al día siguiente me esperaban.

“Le pregunté qué debía decirles a los campesinos de la zona y me sugirió explicarles porque yo iría a pasar un curso de especialista. Añadió: 'Cuando a usted le asignaron esta tarea afirmó que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por la Revolución… Pues bien: la Revolución lo está llamando, y lo espera mañana en La Habana'”.

Zerquera llegó a la capital y, en la conversación sostenida con él, reiteró aquel planteamiento.

“Solamente me dijeron que hacía falta un médico bien negro como yo para cumplir una misión en el exterior, que pondría en riesgo mi vida, y no podían decirme nada más.

“Mi respuesta fue tajante:' ¡Pues yo soy ese médico bien negro…!'”

Al partir hacia el Congo, le entregaron dos portafolios con la orden precisa de que únicamente podía dárselos al jefe principal, sin decirle aún quién era. Al preguntar, solo le respondieron: “Ya sabrás quien es”.

Recuerda que en Tanzania, el combatiente José María Martínez Tamayo, el Papi de la guerrilla boliviana y Mbili en el Congo, le pidió los portafolios, a lo cual él se negó rotundamente.

Ambos discutieron en alta voz. Che, que estaba sentado leyendo el periódico Le Monde, en francés, le dijo: “Mbili, deja tranquilo a Kumi”.

“Yo era Kumi porque Che nos fue poniendo como seudónimos los números de nuestro orden de llegada, en idioma swahili, y Kumi es el 10. Pero, bien, cuando vi que Mbili le hizo caso, me dije: 'Este mismo es el jefe principal. Es el único blanco del grupo, está leyendo un periódico en francés y Mbili lo obedeció', pero no sabía todavía quién era.

“Al poco rato me acerqué a él y le dije que le entregaría los portafolios traídos desde Cuba. Los revisó y me ordenó dárselos a Mbili, con el cual desde entonces me unió una estrecha camaradería. Pero aún desconocía su identidad, por la caracterización que le habían hecho”.

El entonces embajador de Cuba en Tanzania, Pablo Ribalta, le asignó otra encomienda a Zerquera: un maletín con medicamentos para la malaria y el asma, con el inconveniente de que por órdenes superiores, el jefe principal no podía saber nada de ello.

“Me dije: 'Si este es el jefe principal y no puede saber nada del maletín, es porque padece de asma, y si padece de asma, es Che Guevara'. Por supuesto, lo escondí hasta que hizo verdadera falta utilizarlo.

“Después de navegar por el peligroso lago Tanganica, llegamos al Congo. De inmediato Che se trasladó hacia una zona montañosa, desde donde me mandaron a buscar, porque tenía fiebre de 40 grados.

“Por primera vez en mi vida yo subía una montaña tan alta y difícil. Casi no puedo llegar hasta donde estaba Che. Indagó enseguida quién me había avisado y le respondí que eso era lo de menos, y lo importante consistía en que debía dejarse atender, porque estaba bastante enfermo, con esa fiebre altísima y sangrando por la nariz.

“Con su humor característico, a pesar de la gravedad, me preguntó si iba a viajar a Cuba para buscar las medicinas. Le dije también en broma que a lo mejor por el tiempo que llevaba junto a los brujos congoleses, yo hacía alguna magia y resolvía algo.

“Y saqué el famoso maletín. Pero las etiquetas e indicaciones de todos los frascos estaban en inglés y francés, y le pedí ayuda, enseguida me la brindó. Como médico mucho más especializado que yo, él mismo me indicó cuáles eran los medicamentos para aquella fiebre y sangramiento nasal, que parecían síntomas de malaria.

“Estuve inyectándolo tres o cuatro días, sin moverme de su lado, y cuando el cansancio me rendía, tomaba su muñeca en mi manos, para sentirle el pulso.

“Él fue quien me despertó cuando se sintió mejor, porque yo estaba rendido. Me dijo: 'Kumi, ya te puedes ir, que estoy otra vez listo para la pelea. Sigue atendiendo bien a los demás'.

“Quiso saber de dónde había sacado el maletín y se lo expliqué. Entonces me dijo:' Llévate tu misterioso maletín, y cumples así conmigo y con la orden de nuestro jefe'”.

Otro día, recuerda, me dijo que la Medicina era sobre todo una profesión en la cual se debe amar al ser humano. A veces, iba conmigo a visitar a los enfermos en los campamentos.

“Por eso hoy, después de tantos años, estoy convencido de que nuestros médicos tienen que ser muy humanos, desinteresados, dispuestos, y sobre todo, muy revolucionarios e internacionalistas, como fue Che Guevara”.

El doctor Rafael Santiago Zerquera Palacios, alcanzó los grados de teniente coronel de los Servicios Médicos de las FAR, se hizo especialista en Higiene y Epidemiología Civil y Militar y en Administración de Salud.

Hipertenso y diabético, libró el último combate el pasado 10 de abril, con 82 años de edad. Esta vez no pude ir a su casa con un grupo de pioneros y vecinos, a cantarle Felicidades y a escucharle relatos de tan larga y fructífera trayectoria. Mas queda el recuerdo de su existencia, fidelidad al Comandante en Jefe y al Guerrillero Heroico, y la satisfacción de saber que en nuestras escuelas de Medicina se forman médicos como el doctor Zerquera en Cuba; el Kumi en la guerrilla de Che en el Congo.

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