Marinos mexicanos en La Habana

Por Sonia Regla Pérez Sosa / 22-06-2016

Por cuarta ocasión el buque multipropósito Arm Huasteco de la Marina de Guerra de México estuvo en Cuba como parte de un viaje de instrucción de la Heroica Escuela Naval del país centroamericano. Mas por primera vez trajo mujeres cadetes.

Tres días antes, la ciudad de Veracruz despidió a sus bisoños marinos “con buenos vientos y mareas dóciles”, pues aunque los ciento veinticuatro estudiantes de tercer año habían navegado con antelación, la actual travesía constituía la más larga a realizar.

Entonces, a medida que fue más azul el horizonte y más solitaria la embarcación, según rememoró el cadete de tercer año de Cuerpo General Edgar González Vela: “Comenzamos a aplicar los conocimientos teóricos aprendidos en la escuela, y ejecutamos prácticas sobre navegación costera y de largas distancias, llevamos la derrota y la ruta trazada”.

Durante este tiempo también desarrollaron zafarranchos de abandono del buque, de vuelo, estudiaron las características físico-geográficas de la región, realizaron guardias en cubierta y máquinas, pero a la cabo de cadete de Cuerpo General Paulina Gutiérrez Arreguín, la maniobra que más le interesó fue la del hombre al agua, porque solo había escuchado cómo se desarrollaba. Verla ejecutar por miembros de la tripulación le resultó sorprendente.

Los jóvenes concordaron en sentirse más preparados después de navegar con el mar fuerza dos, pues “conocimos y sufrimos los efectos de los diferentes tipos de mareas a que nos enfrentamos, y acondicionamos la embarcación para esta situación”, agregó el cadete González Vela.

En ese instante, evocaron cómo el vaivén del oleaje removió los 69,2 metros de eslora (largo) y 12,8 de manga (ancho) del Huasteco durante casi un día, pero no temieron. Sabían de las condiciones resistidas por este buque, años antes, mientras trasladaba alimentos, agua embotellada y medicamentos a países de Centroamérica y el Caribe afectados por desastres naturales, para “cubrir las necesidades prioritarias” de las víctimas.

A simple vista, el barco es incapaz de imaginarse como hospital de campaña o de emergencia con quirófano, área de convalecencia y plataforma para helicóptero, pero todo eso ha sido y es. “Una embarcación del siglo pasado, pero con corazón eterno”, han escuchado decir los cadetes.

Los sacrificios de los primeros días los han curtido y hermanado. Para el capitán de fragata Francisco Xavier Rojo Valerio, comandante de la embarcación, “El mar les ha permitido a los estudiantes desarrollar hábitos y habilidades, capaces de perfeccionar las especialidades a bordo”.

Avistar el Morro de La Habana hizo a todos acudir a las cubiertas. “Una gran alegría nos motivó a subir para observar el paisaje y apreciar la hermosa vista de la ciudad”, aseguró González Vela.

Era este el primer puerto en el cual desembarcarían y “El atraque en la Mayor de las Antillas se nos convierte en tradición y amplía las relaciones exteriores de México”, puntualizó Rojo Valerio.

Tal vez por esta razón, con la entrada del buque la mañana gris comenzó a llenarse de luces. No podía ser diferente cuando en las cubiertas principales, desde las hileras de trajes blancos se elevaban los sueños de quienes por primera vez veían la Isla.

Unos, tuvieron todos los sentidos puestos en el nuevo territorio para no olvidar ningún detalle, otros, coordinaron y ejecutaron la maniobra de atraque mientras el sonido de la banda de música del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias les anunciaba el arribo a puerto cubano.

Con los jibilais llegaban a tierra las esperanzas de los visitantes. Además de asegurar las cuerdas que acercaban las mil seiscientas toneladas del Huasteco al muelle, los implementos aferraban las ansias de los navegantes de tocar tierra, aunque por un tiempo aún se balacearan al caminar y conocer Cuba.

Como parte del crucero de instrucción, los cadetes y tripulantes cumplieron actividades de carácter histórico y cultural organizadas por la Marina de Guerra Revolucionaria (MGR) de la Isla.

Así, homenajearon con flores al Héroe Nacional José Martí y al Benemérito de las Américas, Benito Juárez y realizaron visitas de cortesía a los jefes del gobierno local de La Habana y de la MGR.

Visitaron además la Academia Naval de la MGR, Orden Antonio Maceo, donde intercambiaron con sus homólogos cubanos no solo conocimientos, sino también entrenamientos deportivos y hasta algunas rutinas mexicanas.

El Huasteco zarpó rumbo a Cartagena de Indias (Colombia) a continuar ampliando los vínculos americanos y los saberes navales. De Cuba se llevó mucho más que experiencias. Los estudiantes en cada puerto descienden sus tradiciones y al desatracar se llevan un pedacito de la cultura descubierta.

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