Tiempo de jóvenes

Por Sonia Regla Pérez Sosa / 18-07-2016

Alejandro, Inés y Jesús son de esos muchachos capaces de predicar con el ejemplo. Ninguno supera los veinticinco años de edad, mas desempeñan las actividades con exigencia, iniciativa y madurez. Dicen que no puede ser diferente. Así lo han aprendido durante su trayectoria en la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Entienden la responsabilidad y la retan. Ellos activan a la organización de la vanguardia juvenil cubana en diversos lugares de la institución militar. Resaltan el protagonismo de sus compañeros en los carnavales de Belén, la solidaridad demostrada en las salidas en campaña, las reuniones ordinarias capaces de analizar y solucionar, los trabajos voluntarios idóneos, y por supuesto, los sacrificios necesarios para hacerlo todo al mismo tiempo.

Reconocen sus esfuerzos como herencia de quienes hace 52 años fomentaron la creación de los comités de base en las FAR, para emprender audaces métodos y estilo de trabajo, sobre todo, después del primer llamado al Servicio Militar.

Hoy, promueven el proceso de crecimiento de jóvenes ejemplares, tras jornadas diarias en polígonos, aulas, industrias, líneas férreas, terrenos de construcción, oficinas, granjas de cría, plantaciones, pues según ellos todas las tareas aumentan la preparación militar.

Confiesan cansarse a veces, pero en esos momentos piensan en lo logrado: oficiales, sargentos, soldados, cadetes, camilitos y trabajadores civiles más identificados con la UJC, capaces de exponer de forma franca y abierta sus criterios al buscar soluciones; así como jóvenes satisfechos por los logros investigativos y científicos, poseedores de condecoraciones estatales, la condición Forjadores del Futuro, o la Bandera de Honor.

En los momentos de fatiga también evocan el arrojo de aquellos militantes que demostraron el valor de la solidaridad al luchar por la soberanía de pueblos como Argelia, Siria, Etiopía, República del Congo, Bolivia, Nicaragua y la República Popular de Angola; esos mismos que hoy los estimulan a crecer hacia las filas del Partido Comunista de Cuba y traer consigo su vitalidad e ingenio.

Recuerdan con orgullo su participación en los procesos orgánicos y eventos convocados por la organización juvenil a nivel nacional, pues sus experiencias han manifestado la dedicación cotidiana a la defensa a través de la preparación política e ideológica y la práctica masiva de la cultura, el deporte…

Ello responde, según la teniente Inés Lisandra Muñoz Rosales, jefe de una estación de radar de la Unidad de Aseguramiento a la Instrucción del Instituto Técnico Militar (ITM) José Martí, Orden Antonio Maceo, Orden Carlos J. Finlay, “a que nuestra juventud es dinámica, alegre, capaz de lidiar con las actividades solo con la ayuda de una guitarra, una poesía, un lema, para mantener activo el entusiasmo y al mismo tiempo, rescatar la historia, recordar hechos o figuras nacionales, o estar al tanto de los sucesos ocurridos en el país”.

Asimismo, advierten la importancia de la unión y los logros alcanzados cuando “los problemas se convierten en colectivos y todo momento es necesario y oportuno para intercambiar sobre las dificultades del día o la labor”, apunta el mecánico automotriz Jesús Gabriel Alonso Oliva, integrante de la Empresa Militar Industrial Emilio Bárcenas Pier.

Por ello, desde 1964, dentro de los principales retos de los miembros de la organización está “la incorporación de los no militantes a nuestras actividades, para que hagan suya una UJC activa, perfectible e implicada”, plantea el teniente cadete Alejandro Guerrero Landrove, secretario del comité de la UJC del ITM.

De esta forma, el desarrollo de los jóvenes para ocupar cargos más significativos impone aumentar su preparación hasta ser capaces de trasmitir valores y educar a sus compañeros.

Esa fue la UJC que cautivó a Alonso Oliva al iniciarse en las FAR, “pues me permitió descubrirme y ser una persona más trabajadora, comprometida, sacrificada, por ello me siento orgulloso de haber crecido aquí y contribuir a la integración de otros jóvenes en esta realidad, forjadora del carácter y el temple que exige la condición de saberse cubanos”.

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